Adrián, 42 años
A veces cuando lloro
A veces cuando pienso en la cantidad de lágrimas que he derramado a raíz de conocer la discapacidad de mi hijo, pienso que ha sido un gran desperdicio de energía y recursos no renovables, pero cuando lo pienso un poco más, me doy cuenta que el llorar ha sido uno de los grandes aliados y una de las mejores válvulas de escape para mantener mis demonios a salvo. Quiero decir que a pesar de haber llorado tanto, siento un gran alivio al haberlo hecho porque sé que esas lágrimas han podido lavar un montón de sensaciones y sentimientos que de otro modo estaría todavía cargando en mi espalda, las lágrimas han ayudado a darme cuenta de que no es tan importante el motivo por el cual lloro.
Con el tiempo también me he dado cuenta que las lágrimas me vienen a los ojos cuando me acuerdo de mis dolores, no de los de mi hijo; que la mayoría de las veces lloro porque temo, lloro porque tengo rabia, lloro porque estoy cansado, lloro por saber cosas que mi hijo aun no sabe y no estoy seguro que llegue a saber nunca; así que me hace sentir mejor el hecho de que mi dolor no sea el de mi hijo. Después de tanto llorar sé que no lo hago por los dolores de mi hijo, que mi hijo es un niño feliz a pesar de tener un inevitable síndrome de down y un autismo que estremece hasta el ultimo de mis huesos, que mi hijo ni siquiera se ha planteado nunca las desventajas de serlo, porque no sabe el significado de ser igual a nosotros, el es feliz aunque este en su mundo de fantasía.
El llegar a ese convencimiento fue una revelación para mí, porque sinceramente al principio creía que lloraba por él y que de alguna manera el dolor que yo sentía lo estaba sintiendo él. ¡Gracias a Dios que no es así!
he llorado tanto que nunca pensé que podía acumular tantas lagrimas, llore cuando nació, llore cuando culpe a cristo por su desdicha y llore mas cuando una tarde solo en una iglesia me di cuenta que estaba en presencia de una bendición, entonces llore por mi muerte y resurrección, llore cuando mis padres rechazaron a mi hijo, llore cuando todos lo hacen a un lado, llore cuando no lo quisieron anotar en la escuela por no querer mezclarlo con los demás niños, lloro siempre que lo discriminan, y hoy mis amigos después de haber llamado una tras otra a las empresas de medicina pre paga, y al escuchar el mismo discurso discriminatorio y ver que ninguna de ellas lo quería anotar por ser diferente, también me puse a llorar, y he llorado tanto que hasta me dolía la cara de hacerlo, lloro por Nahuel y por todos los niños especiales del mundo, por que ustedes jamás sentirán en carne propia tanto amor en estado puro, jamás tendrán la dicha de querer dar la vida por estos ángeles del cielo, jamás se estremecerán cuando besen un niño con síndrome de down, y por sobre todas las cosas, nunca entenderán de que se trata el amor.
Lo único que calmo hoy mis lagrimas, al igual que siempre, es mirar los ojos de mi hijo, que sin omitir palabras ya que casi no habla, me dijo sonriendo ” papa te amo” esas pocas palabras son mas que suficientes para que deje de llorar, esas pocas palabras son las únicas que necesito para vivir, eso es lo único que me mantiene con vida, de otra forma, y mirando el mundo que nos rodea, creo que ya hubiese muerto.
Adrián gramont


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